HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todas esas historias, se agotaron de sí mismas o se vendieron a la merca ambulante de los que se marchan y jamás volverán.  Esas historias, que alguna vez, fueron una especie de destino y morada. Una noción de lo real, un huerto de etanol, un motivo para seguir. Esas historias que tiñeron con perfumes el aullido del fondo del vaso en el derramamiento sobre tu guitarra o al golpear del mármol en el incendio de la salvia. Todo fueron canicas tragadas por la mar. Allí ya no tengo nada. Lo que queda es mucho más esencial e ingrávido, no es de nadie. 
Y tampoco quiero acumular la experiencia de los crematorios. Ni la arquitectura del daño. Prefiero que se boicoteén en la nave que arde, que se queden como el desencanto de un mirlo o de un cigarro de hash. 
No hicieron cuerpo en mi cuerpo. No hicieron un lugar al que volver. Fue todo lo contrario. Fue el empuje del desarraigo y de la pobreza enamorada. Fue el fuego del nihilismo destruyendo quimeras aunque sea para quedarse con el polvo.
Tal vez es la sabiduría del fracaso.  Del haber arriesgado la vida, en una puta alucinación. Y haber llamado amor a la estupidez. Y haber llamado casa, a una planta mágica de satanás.  Y haberlo dado todo al humo a cambio de humo de colorines y farsas de la necesidad que luego se llama "valores" pero que ha nacido de la miseria y de la desgracia humana. Ha venido por espanto y no por don. Y la mierda del romanticismo camufla la mierda, y habla de poesía, cuando estamos hablando de hambre.

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