HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todavía no estoy despierta. He puesto la cafetera medio ausente, mientras sale el café estoy tomando uno viejo. Busco las palabras. Busco el instante de conciencia sobre la escarcha. Tomar el nuevo día con inquietud, con vehemencia, aunque todo sea cenizo, surreal y caótico de tu melancolía enterrada donde los perros se envuelven con los precipicios del invierno.
No sé si es momento del perdón, o será el del jazz. Darle luna llena a lo que nos secuestró la fragilidad de la voz en las crisálidas que fueron amamantadas por carámbanos cuando no podías dormir.

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