HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todavía no he comido. He tomado una cerveza y una fruta. Hoy no tengo hambre. Es un día de evanescencia... de cantos de nieve cuando la mar abre su brecha en el pentagrama del carboncillo. Todo es leve y enamorado de algo ilegible y que se marcha. Empiezo a hallar cierta paz. Creo que hasta los 28 años, vivía en la constante lucha del fondo de la palabra y la hoguera y el boquete y la ausencia y el aullido. Tenía una sed existencialista que me hacía elegir caminos radicales y a veces un enfrentamiento vertical contra gigantes que me envenenaban de aspas. Vivía con angustia y electricidad y vicio, con rabia evanescente, y un deseo de libertad y de gozo, explosivo, a veces peligroso, a veces era suicida del ansia de la Luna. Me tomaba muy en serio el amor y el espanto, la filosofía, la verdad y la nada. Me lo tomaba todo a pecho sumergido del río del olvido y de los cipreses y amanitas. Y aunque a veces fuera como una piedra o como un hacha con ciertos sentimientos, era hipersensible de la fugacidad de las nubes. Era como un espejo líquido, como una esponja de etanol.
Ahora soy más petricor y tierra removida. Ya no creo en la verdad. No busco el camino, sólo siento la tierra o el ocaso en las palmas de mis pies. Ya no busco ni promulgo el amor de los amantes. Ni el oficio, ni ningún sueño material ni nada concreto.  A veces soy como una anciana... que mira un lago y su pasado son fuegos fatuos como su futuro. Me siento asexual, antipátrida, errante. Soy feliz con las cosas más pequeñas, con un plato de lentejas con zanahorias y cebolla, un cacho de pan, un vaso de vino, el ronroneo de mi gato, la vehemencia del perro, la risa de X. El escalofrío de la historia de alguien que luchó. De alguien que sacó ahogado a su hijo del mar. De alguien que voló molotov encima de las comisarías. 
Soy feliz viviendo en el anonimato y en el exilio.. con un fuera de campo de amebas y de sal. Cuando nada me reclama ni me espera. Cuando yo no tengo nada qué dar a nadie y no saben mi nombre ni quieren ellos nada de mí.

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