HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

todavía no son las palabras... aún una detención, una huida, un extraperlo del fondo de tu vino derramado en la página que trasnochó tu deterioro en el arpón de los marchados, dejándote arrastras de la voz que persiguió la ausencia en mi caja abandonada de recuerdos secuestrados... y daba igual tú o yo, cuando bajaba la escalera del nunca más, con un suicidio semántico humedeciéndote el corte en los andenes, con un futuro derribado, apeándote entre los olivos, con esa mueca del embuste, haciendo por los dos, el rapto, el cabaret que el espejo violentó donde no importaba regresar

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