HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo es raro y gaseante. No sé cuántos muros, y cuánta dinamita de ventanas, se mezcla en mi grito, en el Intento de la oceanada y el olvido. A veces amo a alguien, 100 vidas una noche, y el brillo de sus ojos, es la única tinta con la que acabar mis jodidas historias. Pero luego todo se abre otra vez en el profundo escepticismo de las arañas flotando en el lago, urdiendo mares de calima donde tus palabras borran el suelo que sostiene los pies entre las tumbas y la ausencia y el amor. Quitándolo todo en la celebración de las aves sobre la sed.

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