HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo está detenido. La niebla en el sombrero abriendo el conejo de nitroglicerina al derramar del cielo es el golpe peremne de un alarido en los tímpanos del agua, calándote el mármol, cuando mi cuerpo te inala en el gozo clandestino de la materia inerte. Y nos golpeamos, como pezuñas y tierra, como alcohol y tinta, contra la descendencia y el tiempo. Sin profilácticos ni inseminaciones, al borde de la nada y del paraiso, con el hambre dándonos el nombre y el motivo del doblar de las campanas, del primer vocablo, de la frente tatuada de los suicidas.

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