HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo se ha detenido del rubor de lo común, de la pertenencia, del hecho contrastado en un mirada, en un grito, en el vaso de vino que alguien sujeta sobre el abismo o en el valle. Allá no hay nada. No hay esperanza, no está el latido que pudiera conmover un sueño que enraizar en alguna cuenca donde llegan las palabras.
Lo que sigue está en los chopos y en la mar. En la vida de lo que no conoce ningún alfabeto, de lo que no defiende la convicción de nada humano, ni su territorio, ni su sistema de valores.
Cada día que pasa esto es mucho más profundo e irretornable. Mi camino me lleva a la pulverización de los caminos entre la flor de la cicuta y la estrella de mar.  Mis sentimientos manchan un papel. Perpetran teatro cuando salgo de mi soledad. Salas de espera del mezcal y el hacha. Asesinato de la otredad, del yo, del tú, de una mano amiga, y de la mía sumergida en la nieve.
No tengo ninguna ambición. Ni siquiera me convence mi escritura. Le di todo a la escritura, pero ella no es mi casa. Es un chivo expiatorio, es un impulso de la ausencia, del grito, de la tierra volada por los aires.
Metafísicamente me siento cada vez más aislada, en la fortaleza de la intemperie, de la destrucción de todo eje y horizonte, del verbo, del porqué, del aquí, del después y el quizás y el sí y el no. 
Esto me provoca gozo y tormento. Reclamo a la que nunca fui su carnaval y su tequila. Por eso el dolor es literatura. La soledad es una alucinación,  tal cual lo es la compañía. La amistad y el amor, es un escenario desarrapado de yonquis y de niños. Posibilidades desposadas con el rizoma y con la nada. Juegos de peyote y de tumba. Todo es la apariencia de algo abstracto que descuelga pellejos y cabezas de mimbre y de barro, articulaciones de mercurio, de polvo y de ficción.
Todo lo mío es una broma macabra de un espectro que ama el vals.

No hay comentarios:

Publicar un comentario