HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo se ha puesto muy raro, muy salvia divinorium, tren que descarrila y devora el alma de las estatuas y rueda un ojo de cristal en el regazo de un cuchillo y de un cielo que se hunde en las pezuñas de los carneros.
Todo es irracional, roto del sujeto que pregunta al verbo, que pone la colada, que se enloquece de vino y de noche.
Todo es viudo de la flor amarrada a una grieta.
No hay nadie a quién amar con exageración y romanticismo. Nadie que se haga una excepción para cortarle las venas a la muerte o sorber el horizonte.
Todos son rizomas que han salido escupidos a un teatro.
Van con su disfraz sanguíneo. Con su guión de locos y de suicidas. Con el vals esdrújulo y la milonga.
Todos anémicos del verbo. Todos desarrapados de la Obra. Todos farsantes como yo.
Cada cuál con su quimera, dando de comer a una trampa. Unos que buscan el nirvana. Unos que quieren ser cocodrilos o pájaros o el poste de la luz y una moneda de oro. Unos que quieren formar una familia y trascender en su desgracia y tener herederos que cuenten los mismos cuentos por los siglos de los siglos.

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