HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo vuelve a ir bien, en el azar de las quillas, cartografiando el ocaso en los corales.
Aunque vendrán también las horas del desarraigo y el tormento, donde todo se convierte en una soga ahorcándome la voz en la vuelta del nudo sobre mi cuello atado al río del olvido.
Sufro más o menos, 4 días de espanto exarcerbado al mes.
4 días donde todo sale volando por los aires y se va con la canción del naufragio a asesinar soles usándome de chivo expiatorio. 
Ese dolor que al principio es antiliterario y asesino de poemas. Hace del necesario envés de la agitación poética.
Cuando lo siento, me duele escribir, 400 metros bajo tierra en cada letra. 
Pero sé que en el fondo la sombra es parte de la arquitectura de la creación.
Es no haberse prostituido a ninguna orilla. Ni darle motivos al fango, pero tampoco quitárselos.
Es parte insorteable del vivir sobre la deriva.
Del buscar los ojos de la muerte y las zarpas del horizonte.

1 comentario:

  1. Pero los días de espanto parece que escribimos mejor los encadenamientos...

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