HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tomo lo que no me conoce, de la huella resquebrajada que sube desde mis pies las paredes que evocan el presagio roto de tus hijos en mi vagina.
Yo también camuflo el olvido detrás de tu abrigo. Lo protejo de ti y de mí, manchando lo inabarcable con la suciedad de un poema.
Hago el luto de tus botellas vacías, en medio de la nada, inhalando arena mojada, de tu adiós peremne, cuando la prisa, es drenar del cielo, los gritos del ciprés y nutrir la deriva que me obliga a escupir tu hueso en la paleta de pinturas, como si hubiera quedado un sentimiendo indisoluto en la peonza que gira en la alcantarilla el vals que te rompió la voz en mi cigarrillo.

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