HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Un grito que golpea en tu espejo, derrama en mí la voz de la noche y desata poblados destruidos en la ceniza que vuelve a casa. Se aloja en mi frío, rompe el rostro con el que tejía tu nombre en los avellanos, y se va lleno de desolación donde la lluvia vuelve y el verde celebra la distancia.
Con mi herida de vuelos vencidos en las llamas, te amo desoladamente donde las palabras no existen.

Tanta nada... moviendo de sitio los juguetes de madera, sufriendo constelaciones en tus viejas cartas de lo desaparecido, como se arranca una lágrima al elefante y se tosta de estaciones de tren que nos quitaron todo.

Tantos enunciados destruidos en busca de lo irresolubre.. que hoy los títeres de luna, lloran sombreros de paja y sangre, en las copas de los pinos, cuando amarte todavía era un credo y un sepulto que ninguna historia podía cuajar en mi sombra, ni tacto en mi piel desentrañando el nombre de los naranjos.

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