HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Una cerveza. Ya la disolución. Hoy no fue la escritura... fue su sombra de ansiedad, su patinazo, su boquete en tu rostro de nunca más chupando puntas de los bares. He estado por ahí, lejos, con el perro, con lo advenedizo de no ser jamás de aquí ni de ninguna parte. El cigarrillo, el gusto del frío cuando hay un abrigo, cuando no quiero una mano en mi mano, cuando da igual dónde nos llevarán las palabras ni lo que nos quitarán.
La ceniza pasa muy cerca. Y acá todos los días son carnaval y abre un réquiem el moho y la sonrisa. Y acumulamos despedidas. No me tomo en serio, ni de gravedad, ni de ciertos, ni maniquís ni sólo bulla, ni onomatopeya o qué desgracia cuando supe que eras tú el que estaba detrás. Venimos de todos los lados y ninguno hacía nudo, ni cruce, ni fin, ni tambor de sangre entre tus piernas.

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