HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vamos del caos a la sangre de los chopos. De la despedida al verso derretido en el teclado de tu piano. Del amor a la ausencia. Del todo a la nada.
Y es una mezcla sin territorio y sin verbo. Sin ancla ni centro de la obra.
Como los jilgueros en la cicatriz de tu muñeca.
Como el exceso de romanticismo en la sala de espera de un tanatorio con flores de papel y whisky.

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