HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo del campo con Kavka. Un lugar de praderas y secano que se acumula también en las tardes con lluvia. Y allí anocheció. En silencio, sin ni una palabra en la pregunta, ni en la ausencia, ni en la búsqueda. Con todos los caminos debajo de las patas de un cuervo. Llorado del vino que sobró de tu mesa. Con esa estación, clavándote el andén donde no llegará tu tinta, ni almanaque. Porque da igual.  Ya fue, alguien se voló la cabeza y la sombra, en el columpio de esa memoria.

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