HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy a salir pronto con el perro... porque ha salido el sol..  Hoy voy a subir al monte....  En ese monte me pasaba horas en la infancia. En invierno hacíamos toboganes de nieve. En verano bajábamos rodando a vueltas de tornillo. Subíamos hasta el pico y bajábamos corriendo, y si caíamos seguíamos bajando rodando. A veces venían ladrando hacia nosotros los mastines, pero cuando los perros que viven sueltos, cuidando ganado, vienen ladrando y corriendo hacia ti, rara vez quieren morderte, lo hacen para proteger el rebaño, te amedrantan, te alejan. A lo mejor están a un par de kilómetros de ti, y al olerte vienen para alejarte. Recuerdo con éxtasis esos momentos de ver a los perros tan grandes venir hacia nosotros... como una aventura. También tengo un recuerdo, de dos hermanas y yo, una de las veces que nos persiguieron los perros, la hermana pequeña lloraba y no quería moverse, y la hermana mayor estaba asustada y quería irse cuánto antes y entonces zarandeaba y pegaba a la hermana pequeña y la empujaba para avanzar. Y a mi todo eso me provocó un ataque de risa. También recuerdo otra vez, por la parte de atrás del monte que había una nave de ovejas que vinieron los perros, y cuatro chicos del grupo echaron a correr delante, y yo me quedé con otro, los perros pasaron por delante nuestro sin hacernos absolutamente nada.. y fuimos caminando despacio... y al rato, vimos a nuestros amigos subidos en un poste de esos de alta tensión que habían escalado y los perros debajo ladrándoles y esperándoles.  Por alguna razón, si tú no te fías de un perro, el perro no se fía de ti. Si tú tienes miedo a un perro, el perro te tiene miedo a ti. Y se defiende.

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