HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya me voy a ir con Kavka. Es de esos días que me apetece tumbarme en la hierba, al lado del río, y darme a la mística del vaciamiento, del no hay nada qué temer porque no hay qué pensar, nada que manchar con el verbo, ni con la sed. Ser juncos y águilas, ser las manos vacías al convexo del cielo y del cosmos. Inabarcables dentro de la nada. De la soledad de las espigadoras con salvia en sus venas, con polvo de luna en los labios que drenan el etanol de las historias suicidas. Como si ese ser amado, callara siglos con la metamorfosis del agua en un latido de nadie que se aparece como tambores de ayahuaska en el espíritu del monte, pigmentado como una despedida en las líneas de la mano.

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