HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya volamos en mil pedazos hace años, del vehículo del aquí, contra la certeza de vernos vivos en el río congelado. Hay un yo ferozmente muerto que parió junto a mí, por el útero de mi madre, como una bala, como una tumba. 
No vinimos de la luz.
No caímos en una tierra habitable.
Eso son cuentos. Porque nadie quiere hablar de la Nada.
Vinimos hijos también de los agujeros negros y de la muerte. Vinimos mano a mano, llenos de sangre y de grietas. Cómplices del matadero de la humanidad. 
Dentro del ser, vive el infierno y todos los monstruos. 
La psicología miente. La religión. La política. La escuela, tus padres te mienten. Miente el ideal y el pesimismo. Miente profundamente la moral, porque teme, teme el alarido de la nada. La sequía. La voz cuando se hace ceniza y tapa la ranura de tu puerta y destruye tu esperanza. 
Nacimos a la mitad muertos.
Y en el espanto, escuchamos el inframundo... que es el hueso del cosmos. Y si quieres escapar, te llenas de quimeras, justificas tu vida en base a un sentido atrapado. Porque allá abajo, sólo somos un grito sordo. Y grita cada piedra de la tierra.

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