HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Yo vivía rodeada por la enfermedad. Tal vez por eso, mantuve, un grito de enemistad y antagonia con mi madre y mi familia materna, durante mucho tiempo. Pero a veces estaba censurado, en otro hemisferio, en otra memoria y mente y personalidad. Y a veces salía como un tsunamí. Tal vez por eso se generó en mi personalidad, la bifurcación y la multiplicidad. Tal vez, para seguir queriendo a mi familia, generé una identidad infantilizada y surrealista. Y la dejé ahí, como un agujero del árbol. 
Por eso yo era una perturbada de las esdrujulidades. Mi abuela, aunque en los últimos años de su vida, nos reconciliamos como dos colibríes. Era una persona muy nociva y manipuladora, a veces. Había sufrido mucho en su pasado. Y a veces tenía demasiada negatividad. A mí me solía decir que yo era una pecadora y que era muy mala, que era una zarrapastrosa y que no tenía sentimientos que sólo quería al gato y al perro. Cuando yo estallaba contra sus neurosis, y trataba de convencerles con la voz de la razón, de forma amorosa, no servía absolutamente para nada, entonces me ponía cortante y con humor negro, ella se ponía agresiva y muy oscura contra mí. Eso me generaba una caja de música del fango. 
Yo me protegía con el surrealismo. No había ninguna otra cosa para proteger mi corazón.  Porque allí la lógica y la filosofía era una serpiente envenenada... era el diablo. Y como de aquella fumaba hierba... me era más fácil ser surrealista.
Y empezó a hacerme reir las situaciones que antes me causan mucha pena ajena y desesperanza y sensación de esperpento  Y empezó a hacerme reír cuando la abuela me odiaba, ya no se herían mis sentimientos. Me lo tomaba como un juego... y yo la seguía queriendo igual. Y desarrollé un extraño humor negro y psicótico.
Me entraban ataques de risa en las situaciones menos procedentes. Y a veces actuaba como una desquiciada. Recuerdo una vez... que la abuela y el abuelo, empezaron por no sé qué motivo a creer que iba a explotar la caldera. Y yo empecé a convencerles de que corríamos un grave peligro... y les puse ejemplos de familias enteras que murieron quemadas y pulverizadas por culpa de eso y otras cosas que me inventaba. Y entonces empezaron a saltar todas las alarmas y el abuelo fue a buscar un vecino para salvar nuestra vida. A mí todo eso me divertía de forma muy rara. Pero cuando llegó ese vecino, y vi una sonrisa en su cara, me jodió, me jodió que se riera de mis abuelos y entonces me volvió a salir la otra personalidad de la sensatez y la rabia.

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