HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acabo de llegar al pueblo.. todavía todo está muy silencioso.. y la casa muy fría, con ese tinte de abandono y de soledad mecida entre distancias inconclusas sobre tus labios cerrados y calados de sal. Llueve. El cielo se levanta belicoso sobre la onomatopeya de un hueco. Las ausencias resoplan en los barcos de cartón encayados sobre lo que no habla.  En algún lugar está intacto el amor.. ya no tiene rostros definidos... pagamos caro el Imposible, aquella promesa en la primera mar de la infancia, cuando esos cuernos preñados de opio bajaban la montaña y embestían en esa ignorancia de arcilla y lluvia taladrada en el pecho.  Es muy tarde para equilibrar el daño del suelo, en los destinos terráqueos. Nos declaramos hacia la luna. Vendemos aquí, pieles desvencijadas de naranjo cuando llega la nieve. Y muy dentro de ninguna parte abrimos las manos para darle todo a la lejanía. Besos de oruga en los andenes. Tientos de vino cuando somos la deriva... y ya no hay nada qué hacer entre las personas. Abrazarse a la belleza invicta de una letra de mazapán y hachís entre los barcos. No esperar nada.

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