HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora es el rayón de sal en la vuelta del eco de la oquedad de las ramas de abedul. Cuando todos estamos hambrientos de amor, masticando la lejanía en escenarios de hollín. Y disfrazando la fragilidad de los huesos en escapatorias verticales hacia ninguna parte. Mi vida va, con las ancianitas busando caracoles para jugar al juego de la oca con la noche y con la desolación de los brujos. Voy donde no importa llegar ni volver. Y valen de madre, las palabras y los hechos. No me sirve la realidad ordinaria en la que sobreviven los capitalistas y los gobiernos, esa realidad de policías y tribunales de justicia carroñeros y criminales envenenados por el poder económico... esa realidad no es la mía. Pero tampoco es mi mundo el de los budistas, ni el de los wiccas, ni en los nativos americanos, ni el de la tribus africanas y la Iboga. Me roza a veces hasta el delirio la vibración de sus tambores en el precipicio de mi soledad y me llena de LSD el cubismo. Pero luego me despierto en medio del desierto y sólo me habla un murmullo de arena que sale disparada con el viento helado.. a ese lugar donde los pututus traen el corazón de los neandertales.

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