HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me he detenido de la palabra. En esa orilla que te ata vals y luciérnagas nos dimos mutuamente por muertos al secarnos al viento las ruinas de esos diez años persiguiendo una paz imposible en tierras robadas.  Te oigo en el rubor de esas ciudades sepias dentro de tu cigarrillo extendiendo la mano y el cartón a la trampa que hizo antes la música sobre tu cuerpo. Yo no era. Nunca lo fui respecto a nadie ni a ninguna idea, ni propósito, ni el ladrillo en el horno y sacudirse pulgas cuando las palabras no servían. A la partitura de un llanto azul.... separándote del dolor que quería mitigar aquella cercanía que se volvió un mercado cuando quisimos atrapar en un beso el suicidio de esa estrella. Ya déjalo ir. El rocío cuaja en los barcos... otras razones mejores para partir la guitarra al incendio del camino. No mires atrás. No digas adiós. No esperes nada de vuelta ni de ida.

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