HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me voy con Kavka al monte. A oirme en el silencio de lo que siempre ha callado al rozarme, cuando se congeló mi mirada en la cicatriz de un árbol... cuando le dimos todo a un hueco que todo lo tragaría como flor de rocío en los incendios de la noche. Y no era su culpa. Él era también un peregrino del no-mundo, sin caballo, sin amor al lado de su muerte, jugando a la disección del moho de las luciérnagas cuando aterridos de nieve.... sólo alcanzaba para llenarlo todo de whisky y amenizar el fin del mundo ebrios de mundos imposibles.  Hoy escuchamos la misma canción, separados para siempre por la misma separación con la que nacimos. Hoy vemos el mismo rostro en las nubes y la casa se va haciendo un nido de ruinas y de gnomos. Busco los girasoles palpando en las piedras la caricia de los erizos. No lloramos. No miramos atrás. No señalamos a nadie, ni atamos en las botas tumbas ni moradas. No somos víctimas ni verdugos de nada ni de nadie. Sólo somos animales caidos en un tiempo que no es el nuestro y en un mundo que no nos recuerda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario