HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora todo calla. Llueve. Miro el absurdo de la ciudad. Quiero ir pronto a la montaña. Allá la casa tiene hechicerías de acuarela y de abismo que me ayudan a recordar y a adentrarme y la naturaleza palpita con más poder lo mágico.
 Siguen las viejas canciones afilando arpas donde tus lágrimas dibujan monstruos en mis paredes. Yo me abrazo helada a sus sonrisas de metal. Me retuerzo de salvia divinorium donde vuelve a empezar la piel a abrir la gruta. Pero hoy está muy oscura tu guitarra debajo del pantano. Siento el camino que he de seguir... es como un aullido de montaña que sale volando por los aires. Una urdimbre incognoscible de fuego.
Ya no me preocupa casi nada. He llegado a otro lugar de la conciencia, donde todo juega como un poema... entre el filo y la semilla, entre la muerte y lo extraordinario. Oigo una llamada del vino en la grieta de tu habitación... y una sinfonola de ayahuaska lava barro en mi boca herida. Cerrar los ojos y ver al unicornio devorando un cadáver.... con hachazos de luz donde el rocío cuaja en tus labios mi soledad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario