HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora todo calla. Pienso lejanamente templos volados por los aires cuando tus ojos cegaban mi soledad en callejones equivocados del whisky de esos animalarios secuestrando tu abrigo en las espinas que tragó el cielo desde tu boca.  
Cruzo robando de tu espanto el zigzag que dictaste a ese vacío cuando sacaste de la flor prohibida un corazón que meter en el tuyo y bajo el que ocultarte. Yo también me oculté, espejo roto, pintura de arlequín, espada de cartón... cavando, el cuerpo por el que volverían a cantar las serpientes.
Tragar la tierra. Hacer dentro de la sombra un castillo de naipes y quemarlos con la leche de ese hechicera que velo las medianoches de los siglos entre la sangre de la cabra y los pianos de hachís. Te mantuvo con mi vida en su placenta derramada. Por eso lo olvidamos al nacer.

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