HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora voy a ir al monte con el perro.... quiero sacar de mí esa tristeza, volver desnuda al murmuro de los chopos donde todo cobra un sentido más profundo y cubista, y son insignificantes las cicatrices y esos fados... del naufragio carraspeado de esa tos de montañas cuando vuelan heridos los cuervos encima del pasto que te llenó de cera las epístolas del hambre.
Lo que hay que pedir, no ocurre entre sujetos ni sustantivos. Lo que se busca, lo que penetra el corazón está nacido en lo incognoscible, donde nuestra historia sólo es ceniza y accidente de la flor alucinógena. Mi melancolía, mi autismo y misantropía, mi rabia, mi pólvora y canto de lo perdido, sólo es parte de una parte... donde la senda regresa al fuego. Esa es la zona más afectada por la obstinación de la víscera, porque es donde sangramos y nos retorcemos poema sin destino.  Y esa es la que ha de desaparecer amando al río y al invierno. 
Le dí un jodida y absolutista importancia a mi dolor. Por eso escribí miles de páginas durante estos años.  Le di demasiados barcos a mi destierro, y jeringas a mi cuerpo, y tormentas al suspiro del gusano que agujereaba mi techo y mis neuronas.  Esto es lo que ha de desintegrarse ahora... en mi amor de perros y de montañas nevadas. El dolor, es la matriz. Se pega demasiado porque nos reclama armas y salvar al orgullo como soldados surrealistas del apocalipsis. Algo allá, busca la venganza. He oido durante años.... esos tambores del fuego. He ido jodidamente encerrada en la lágrima del Quijote ciabogando en las ciudades destruidas. Le he dado puta necesidad a la necesidad violada. A mi ausencia. A mi quebranto de noches sin mundo buscando entre los muertos mi flor. He escrito jodidos laberintos en mi pecho, con la melancolia y el despojo. He llorado al ver en  el vapor de mi ventana, lo amado ahorcado de los negrillos. Y he sido putamente coleccionista de esos desagües del adiós y del jamás.  Eso es lo que ahora he de destruir. He de dárselo al nahual... al océano... a la cuántica, y quitarlo de mi hueso y de mi sombra. Yo fui un accidente de la metafísica, caida en el Teatro de una historia cualquiera, llevando cabezas de carnero y cuernos de rinoceronte, en mi puta cabeza. Llorando baratijas y ginebra, en esa prisión a la que caí expulsada de mi hogar.  Mi vida no ha sido mi vida, ha sido el paralelismo de una metáfora. Yo no vine aquí a cumplir con mis enunciados, ni con la tierra ni a tener un nombre ni propiedades...., no vine a incluir mi pensamiento en el pais, ni el país en mi recto ni en mi váter.. Al nacer todo estaba hecho una mierda. Había un montón de gente llenando de plástico quemado, mis significados y obligándome a los suyos con el humo contaminante de los atrapados. Yo tomé todo eso, como se cae encima la sangre descompuesta de un elefante. Uno se sacude las pulgas y la picadura permanece en el corazón. Mi vida sólo fue un grito de ácido... para llegar más lejos. Puto azar entre circos y carnicerías. Puta máscara que trajo un cuchillo y un quebranto. Lo que importa y lo que es, está mucho más allá que mis circunstancias y que las de la triste civilización.

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