HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora ya la noche.. y ese deseo de poner las manos sobre una cocina de leña... guardarse de caverna llena de heno y oler como los corderos que no son degollados  ni acaban en la carnicería...... al sonido de las nubes de la noche. Y sin embargo la casa tiene un agujero por el que entra todo el frio. Y los ausentes gritan papel de calco en mi lágrima de polilla retorcida por letras ilegibles cuando se abre la luna. Alguna vez existió un refugio, entre los poemas y las manos de la abuela, los ladridos de los mastines, esa risa en el patio, el humo, el vino, las estrellas y una carta de amor que llegaba tarde en abril y nos volvía cuna y ginebra en un barco que flotaba.
Hoy todo es más precario de irse volando por los aires detrás de la inexistencia. Nos sujetamos soplido de la noche, verso que no se sostiene en el papel ni en la voz. Un perro juega con las sombras, trae la esperanza y la trinchera. Las habitaciones vacías no pueden ya hacerte parpadear en mi lluvia ni en mi grito. El tambor espera que te sueltes de la palabra en la médula del peyote.

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