HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Antes de que me cambiara el humor. Fui muy feliz en el río... la riada daba un amor salvaje sobre las palabras rotas. Caminé mucho alejándome de mis lejanías. Y el atardecer daba un grito púrpura donde vienen los estorninos y tapan la luz de la ciudad-burdel de los muertos. Todo brotaba con lo salvaje de lo ausente. Me quedé mirando el río y sentí que viajaba por el reloj suicidado de la piedra filosofal de los carniceros, replegando su sangre en su propia tumba. El sol... hacía una estela en el río que sentí que era la lágrima de la grieta y las alas de los olvidados incendiando la solidez del agua.

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