HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Aún se oye el ronquido que desaloja el principio activo de la niebla, cuando pasas sed con ese libro entre los dientes, evocando cuerpos que rompieron detrás de tu espejo las llagas del crepúsculo.... y en tus pupilas... el panteón de la nada corrió la saliva de las piedras, en tus labios, desfocalizando en mi página los escombros de abril. Yo lloré la distancia entre nuestros finales. Sin salvar a la amapola. Sin acortar el tiempo del río entre tu sangre derramada y mis aullidos de loca trasnochada por esa selva despellejada de tantas manos abiertas sobre la ausencia de tu mano.

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