HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer llegué a dos zonas importantes en el trance con el tambor. Algo que me había pasado desapercibido hasta ahora.. y que había sido muy vehemente en aquél viaje al éter de hace 8 años. Una de las zonas.. se abrió cuando salí con el perro al río.. y era parte de ese destrucción y evaporación de la forma social... en el trato con otros humanos.. y algo cambió de dirección en mí, tuve un instinto violento y apasionado, de penetrar esos rostros, para conocer el verdadero motivo. Algo que se sujetó en mi pasión de luna. Y que está devolviendo la conciecia. Sus razones estaban más allá de las explicaciones sentimentales y de las heridas. Su respuesta tenía que ver con el canto del fuego. Con  el empoderamiento del silencio y de mi danza de planta mágica, aunque caminemos bajo alcantarillas.
Y la otra zona, tocando el tambor, era mi útero. Era mi conexión con los espíritus femeninos de la noche y del abismo. Era la recuperación del matriarcado del océano y de las estrellas. Era una llave poderosa con mi cuerpo, como barca y como escudo. Era la apertura de mi gozo y de mi hechicería liberada. Era el principio en el idioma de las aves, para beber de la fuente.  Antes de ese trance.. yo tomaba mi espíritu de una forma asexual... yo me sentía también la vehemencia de lo masculino.
Mi útero.. en mi otro viaje al éter, era mi poder.  Me empujaba al ACTO y al riesgo de la violencia de la locura y su danza, de forma exarcerbada y libre.  Era lo que me devolvió... el significado del allá, más allá del disfraz y las baratijas del veneno de lo aprendido socialmente.  Era lo que abrió los nudos de la sombra y de la prisión y me entregó animal salvaje a la belleza y al infinito.  No voy a escribir los detalles de esos 4 meses en los delirios de Venus. Porque son demasiado íntimos. Pero yo vivía con el orgasmo. Sufría decenas de orgasmos cada día, sin tocarme.

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