HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cae el orbayo. Pero es hora de salir. El perro y yo necesitamos un poco de aire. La lluvia encima vuelve a anidar corazones de golondrina en la tierra perdida y amasacrada en mi corazón.  Me cuesta distinguir la fantasía de la física cuántica. Me cuesta distinguir el monstruo de las galletas de mi vecino de al lado. Y la poesía del olvido, y el olvido de los para-rayos.  Aunque me gusta sentir que todo está bañado de mandrágora invernada y de pájaro imposible. No sé si debo tener mi cabeza sobre los hombros, o debo tener encima sólo lo orgiástico y debajo ríos de fuego. Ya no sé qué es real respecto ¿a qué?.
Justo ahora ha salido el sol entre la lluvia, en algún lugar se proyecta el arcoiris. Y todo me es como ese arco-iris. Una zorra ilusión óptica o de carne cruda y pensamiento. Basada en la infidelidad de las ecuaciones. Agentes atmósfericos que juegan al póker y a la ruleta rusa, con el suicidio que provocan las palabras.

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