HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debo recordar. A mi juguete roto le está creciendo el bigote.
Donde para el autobús, tu mamá muerta me cosía un ramo de flores de papel.
Yo tenía miedo de esa clase de amor.
El manicomio me cosió los metales de Franquestein a mi cabeza. Yo caí, 200 infiernos bajo la barca quemada de tu lágrima de tabasco y whisky. Allí no había nadie que pudiera respirar. Y sin embargo no dejé de escuchar esos jadeos.
Hoy sé qué camino tomar. Pero ese camino no se puede tocar, no puedo hacer allí una casa, ni asirte en mis labios y quedarme.

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