HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de dos o tres días, me iré otra temporada sola a la montaña.  He llegado a otro lugar de mí... de la percepción entre el espacio y lo inexistido. Del quiebre y reloj de arena de la herida y de la pasión. Y estoy sola. En mi otro viaje al éter, yo estaba evanescentemente enamorada de un hombre, el amor genera la magia y una conexión más profunda con la totalidad, con la sensualidad del blues y del arrojo, de la guerra y del viento.  Ahora estoy muy lejos de la semejanza con la otredad. Soy a ella como una roca con líquenes que siempre oculta algo. Yo no soy espontánea con la gente, dejé de serlo hace muchos años, mi camino ocurrió en el inframundo de la supuesta identidad rota por mil espejos rotos por rayos de luna. Mi camino ocurrió en el aislamiento. Ofrecí mi fracaso al exterior para proteger mi idioma con la mar. Ofrecí mi suicidio utópico, al otro, para mantenerme fiel a mis llamas. Esto me bifurcó. Y sólo la metáfora une mi espíritu respecto a la integridad.  A veces me siento fluir... pero suele ser cuando estoy borracha y lunática de callejones que explotan hacia el beso de Calígula. Sino es en ese ataque de ebriedad de luna llena. Me mantengo acechante y atada, por mis otros yoes.  A éstas alturas ya no importa porqué me pasa, da igual si fueron las heridas y cuchilladas que le dieron a mi vieja inocencia.... o por lo que descubrí en los viajes del éter dentro de la oscuridad. La historia es que me ocurre con una fuerza cuántica y un atracción mucho más penetrante que mi deseo y mi capacidad verbal para hablar de ese paisaje y de ese sentimiento.  Eso hace que mi camino siempre se vaya a la soledad, a la escritura, a los perros y a los cangrejos.

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