HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un poco iré al río.  Hoy todavía estoy en la latitud de la grieta y el camino de vuelta del corazón. Ya no estoy tan apegada a la escritura. He aprendido a soportar la existencia sin escribir. A mirar y vibrar en un lugar donde no está necesariamente la poesía, pero fue ella la que me llevó allí. Yo escribía desde el grito y el abismo de mi yo, desde su insostenibilidad, desde sus vagabundas y bandoleras, desde su amor trasnochado de tango alcohólico y cuchillo en la espalda. Desde el radicalismo de mi historia personal, y mi ego y mi gas y mi pobreza y mi rabia y mi ausencia y angustia y sueños y aullares de desesperación. La poesía me colocó, entre el éter y la jaula de mí misma. Extrapoló mis sentimientos, mi metafísica, la golpeó y la torturó y la liberó en mi carne. Siento que ya no podré volver a escribir aquellos poemas... Ya no soy la misma. Mi poesía no es la misma. Siento que mi camino... tendrá que hacer un viaje, a África o a América.. y buscar a los indios.  Siento que lo que yo he sido hasta ahora, era necesario, dolorosa y ardientemente necesario, pero era sólo un pedazo, sesgado y esclavo a mi historia personal... Era un viaje.. por la conciencia más oscura, más primitiva y animal.. con tintes a veces de luz de mandrágora y paraiso, y a veces de infierno. Pero era jodidamente ciego de mis pasiones.  Un viaje de retorno de la locura. De asimilación, de arquitectura, de búsqueda de armas y motivos, de muertes y renacimientos, entre los muertos y la música, entre el polvo y la nada.
Sé que el corazón... y las almas de todo eso, seguirá conmigo. Hay una sombra... tanto en la luz como en la oscuridad.. que sigue en mí, pero ahora me conmueve desde otro enfoque. 
Tengo 31 años. Mis primeros 12 años, fueron la absorción de la herida, la transformación hacia el dolor de la humanidad capitalista... la amnesia, el amor, la raíz desmemoriada, lo celestial gaseoso e intocable. De mis 12 a mis 18. Fue la puesta en marcha de primera transformación, la conciencia de guerra de ese herida, la política de mi sangre y de mi lágrima, mi animal interior. mi idealismo, mi inicio de nuevos estados de conciencia extremos, tanto en el fracaso como en el poder. De los 18 a los 25, fue el animal interior prometido a la bestialidad del éter y la más desértica y sangrienta locura. De los 25 a los 31, fue una especie de armonía entre todo eso, un recobrar el cable cortado por la muerte y meter su eléctricidad por mi hueso y mi aullido, fue el amor, el sexo mundano, el hedonismo, creer ilusoriamente que podría ser humana y tener una vida normal, amar a un tipo, cantar pajaritos. Pero hubo tumbas. El temblor. El espíritu no lo permitía. Hubo una conexión entre los distintos estados de conciencia y yoes.
Ahora estoy en un sitio nuevo. Me rodea lo desconocido. Lo que sé, desde la conciencia del viento.

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