HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Después del viaje..con estramonio... la psiquiatra de agudos me dijo que como la otra vez que yo estuve allí me habían derivado al hospital de día y fui allí a montarles un número y no accedí a ese tratamiento, me iba a derivar al hospital psiquiátrico... de forma voluntaria o involuntaria. Yo lo hice de forma voluntaria porque pensé que así sería más fácil y más rápido largarme de allí. Estuve 11 días en ese manicomio.  Yo estaba aún sobre el abismo. Fue la única vez que caí en esas garras y no me rebelé de forma violenta.. sentía que el muro que me asediaba era mucho más peligroso que el del manicomio.. y que era peor fuera de allí..... sólo en algunas ocasiones tenía conciencia política contra los médicos.., cuando una enfermera le dijo a un compañero "eres un completo gilipollas" Yo le dije algo raro clavándole los ojos y con tono de maldición, le dije "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" Que era una forma de llamarle gilipollas a ella... También teníamos las supuestas normas del paciente.. clavadas en la pared.. y animé a unos compañeros a que escribiéramos las normas que debían seguir los psiquiatras y los enfermeros, y las clavamos en ese muro. Eran medio surrealistas, medio políticas. Y se armó una especie de sindicato. Yo todavía no había vuelto. Estaba entre los dos mundos. Me había agarrado la yerba del diablo algo que aún me era incomprensible. Me hice amiga de una chica que escribia poesía.. y que estaba conectada con la grieta. Y bueno de todos. Todos allí éramos iguales. Éramos hermanos. Entre nosotros no había nada enfermo, nada patológico. Conservábamos los secretos y los jugabamos juntos. Éramos nuestros confidentes, nuestros terapeutas. Recuerdo que hicimos una ouija, rarísima, entre la risa y el espanto. Nosotros estábamos en la planta de los agudos, y allí había muchas restricciones... sólo nos dejaban salir a ciertas horas cuando había talleres o si nos apuntábamos a actividades.. nos controlaban los armarios, y sólo nos daban ellos cigarrillos. Pero nosotros metíamos paquetes de tabaco clandestinos.Había dos puertas cerradas con un método eléctrico.
 Nos apuntábamos a todas las actividades a las que luego no íbamos. Y esas eran las horas más bonitas.. vagábamos por el hospital.. nos metíamos por todas las plantas, por el sótano, por la lavandería y cocina.. por esas raras y sombrías azoteas. Y era cuando nos sentíamos libres.
Yo escribía mucho... entre la desesperación y el aullido. No entendía porqué estaba viva. Además mi inconsciente estaba completamente loco. Tenía muy dentro la yerba del diablo. Yo no le gustaba al psiquiatra, dijo que yo era la que estaba trayendo problemas que antes no había allí. Y me quería sacar de la planta y meterme a la segunda. Yo aproveché en ese enfrentamiento a pedir el alta. Y me hizo firmar un papel de que si me pasaba algo yo era responsable por haberme ido contra las prescripciones médicas. .... Yo le decía "vosotros y nosotros",  y le hablaba con desprecio por meterlo en la saca de los tristes y ahogados cuerdos. Nunca le hablé de nada personal. Le decía mucho aquella frase de Dalí "la única diferencia entre un loco y yo es que yo no lo estoy"

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