HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Después.... abandoné los latidos de la locura... tal vez me curó.. esa mezcla de la absoluta desesperación y sufrimiento... y esa lucha metafísica que invoqué sobre la escritura y la soledad. Un instinto de seguir viva y de recuperar mis facultades mentales. Después de esa viaje mágico e Imposible.. y la culminación de la destrucción de todo. Me quedé en un estado gaseoso y fantasmagórico. Peleé por regresar desde la nada, tomando a la nada como mi único cuenco. Tuve una experiencia que mató algo en mi corazón. Me causó mucho sufrimiento. Pero eso me hizo más fuerte. La engarroté sobre el poema. Y seguí. Todo esto fue.. en el 2009.... tal vez en su sangrienta primavera. Callé como calla el cuarzo. Lo había perdido todo. La esperanza. El allá y el acá. Mi locura y mi cordura. Y fue cuando me embriagué con absolutismo hacia la escritura.  Empecé a escribir cada día más. Bajo esos estados de náusea y de desaparición donde ninguna palabra se sostiene en la boca, me forcé a escribir.. a escribir en esos momentos donde quería volarme la cabeza. Escribir bajo cualquier estado de conciencia y de sentimiento.  En aquél año tenía tantas pesadillas y visiones violentas.. que cuando iba a dormirme, sentía un calambre arquearme el pecho hacia arriba y los brazos, como una compulsión. Temía dormirme.  Yo era sombría. Empecé a vestir sólo de negro. Quería destruir todo mi pasado. No soportaba nada de lo que había amado antes ni de lo que había vivido... Tenía pensamientos recurrentes de náusea y suicidio. Recuerdos rotos e intrusivos que me causaban mucho dolor. Tenía agujeros de gusano en mi memoria. No tenía sentimientos. No tenía la capacidad de hacer ni de desear nada. Sólo la escritura.  Empecé a hacerme nihilista y a saberme jodidamente sola.. y que sólo yo podría salir de allí. A creer en mi jodido corazón crucificado y lleno de gangrena.  De aquella.. tenía una psicoanalista. Aunque yo sentía que yo era una farsante. Ella insistió mucho en que exteriorizara aquello inefable. Estuve muchos meses a la defensiva y a la indiferencia... pero de algún modo... lo que ella me decía, hacia la luz, fue cuajando en algún lugar. Fue haciendo una atmósfera.  Las palabras que yo le decía a ella, y que yo me tomaba como una mentira mía, acabaron resonando en mi pensamiento y haciéndose parte de mi pensamiento. 
Luego hice un viaje... a Tenerife. Iba a la montaña a veces. Al río. Aunque me sentí muy cercana a la muerte. Mucho más muerta que viva. Un leve instinto de mi vida me sujetaba.  Tuve contacto por aquella época con algunos escritores de aquí que creyeron en mi escritura. Aunque yo me odiaba profundamente. Me sentía un monstruo. Tenía una exarcerbante sensibilidad sobre lo invisible. Un pensamiento gaseoso, un sentido medio de inframundo y de los sueños. 
A todo esto se sumó, un profundo desamor hacia un hombre que yo había amado como jamás volveré a amar.
Me hice abstemia en esa época, dejé el hachís y el alcohol. 
Fueron apareciendo algunas luces. Aunque yo las miraba con distancia. Tenía un acorazado de distancias en el pecho.  No me fiaba de las personas. No creía en la amistad, ni en el amor. No creía en ningún allá, ni en ningún acá.
Del grupo del manicomio, conocí a A. Él estaba también en un abismo. La psicoanalista me pasó su teléfono y dijo que él quería ser mi amigo. Nos veíamos un día a la semana.. al principio... tomábamos café en un bar raro... que solía estar vacío. Y nos sentabamos en la esquina del todo. Yo estaba a la defensiva. Para mí era muy raro hablar con personas. Era perturbantemente tímida y distante, tenía en el corazón un río de fango. Pero fuimos confiando el uno en el otro, muy despacio. Fue dejándome un sentimiento hacia él.
Él un día... me dijo que quería llevarme a un sitio que estaba en el manicomio.. un taller de barro...  que había un hombre muy majo allí y que quería que lo conociera. Yo al principio no quería ir por allí a nada. Pero un día accedí y fuimos en autobús. Y el tipo bohemio y raro del taller.. empezó a decirme que tendría que hacer fíguras de barro... y a pintar y blabla Y yo pensé "éste que se habrá pensado.. que vengo yo aquí a hacer lo que él quiera" Y le miré con una mirada atacante. Y se generó algo muy violento. Y luego comprendí que me estaba ofreciendo un trabajo. Y mi amigo lo sabía y me había llevado allí para eso pero dijo que no me lo quiso decir por si entonces me negaba.  Yo entonces cambié mi actitud. Y a los dos días.. empecé a trabajar.  Yo no era amable con nadie.. al principio.... me sentaba a hacer las pinturas.. y los encargos de cerámica, o lo que fuera. Y trataba de que nadie se me acercara.. no daba mucha pie a la conversación. Y me incomodaba cuando los compañeros querían saber cosas de mí... Los primeros días volvía a casa con un dolor de cabeza de la ostia y un cansancio infinito de aguantar ochos horas allí y no poder escribir casi... además como yo era sombría y silenciosa.. generaba desconfianza con el "jefe" y los otros compañeros. Pero poco a poco.. empecé a sentir empatía y sentimientos con ellos.. y con los otros locos que venían por allí. Tuve un instinto de ayudar a esos compañeros a no caer en las garras de los médicos y me sentí medio curandera contra la psiquiatría.  Y empecé a sentirme... otra vez medio humana. Con personas a las que poder mirar a los ojos. Aquél lugar se convirtió en una Isla... se hicieron vínculos hermosos... risas.. navegares.... además comprendí mucho mejor.... el manicomio y mi locura.. porque estaba allí, pero no estaba encerrada.  Eso me ayudó  Además mi escritura sufrió en aquella, un florecer, una nueva inspiración. Yo estaba aún muy pegada a la introspección y a la enervante distancia de mi soledad. Pero volví a jugar... Fue en esa época cuando conocí a K. y me enamoré de él. Aunque el amor apareció mucho después. Primero era una relación sagrada y metafísica.  Sufrí un renacimiento. Algo que creía que jamás iba a tener. Mi mente empezó a recuperarse, empecé a ser más lúcida, a escribir mejor, a tener más vigor, más vehemencia. A desear la noche de brujas y el vino. A introducirme en la mar, como un barco de papel en llamas. Volví a quererme a mí misma. Desapareció el sufrimiento. Había vivido 10 años con un sufrimiento abisal. Empecé a escribir los aullidos de la locura... en un sostén poético que me hacía navegar. Volví a recuperar los instintos salvajes y los del amor. Tuve noches muy locas de vino y pielesrojas.. alguna vez volví a fumar hachís.  Volví a conectar con mis animales. Éste periodo duró.... hasta el 2013.  Cuando se rompió la historia con K. Yo me negué a darle luto. Me negué a caer.  Y tuve unos años, de amor libre... relaciones orgiásticas y farsantes...  un exceso de orgasmos profanos frutos del hedonismo y de los arlequines y ladrones. Una época de alter-ego.. y de serpientes. De volver al bar.. como la barrica de vino.. entre las llamas. De poesía y gozo. De libertad. Pero algo en mí alma estaba roto. Tuve épocas de medio alcoholismo, comas etílicos, arrebatos animales y surrealistas. Dolor y melancolía. Un amor loco y transnochado a los cadáveres de K. y mil y una obsesiones con las flores del río del olvido.  Los momentos de la mar... la escritura, los videopoemas.
Y ahora siento que empieza otro ciclo. Que ha de salvar el corazón de mis antiguas criaturas de la locura. Que ha de traer de vuelta mis visiones y mis viajes del éter... y colocarlos en la vagina de la mar para tener los barcos.

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