HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El perro duerme con su cabeza apoyada en mi zapatilla. Me despertó lamiéndome la cara. Cuando era niña me daban asco las babas humanas y que me dieran besos en la mejilla. Pero siempre sentí alegría con las babas de los perros. Creo que son sanadoras... que lavan la oscuridad de la tierra en la piel y frotan lámparas de alibabá dónde volvemos a ser libres.
No tengo ni puta idea de quién soy. Tal vez eso es indispensable para saberlo. 
Todo me parece un teatro, a veces trágico y esperpéntico, a veces apasionado de tiovivos de opio y arrebato.
Me he vuelto profundamente asexual. Me da alergia recordar los hombres con los que me acosté. Yo tengo épocas eróticas, y épocas de caliza y algas. Ahora siento que me quedaré para siempre con las algas. No siento que mi espíritu esté en sintonía con ningún igual. Por lo tanto el sexo con un humano me sería zoofilia.

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