HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es echarse a andar. Da igual si es sobre los olvidados tulipanes, o cuando los flamencos traen cachos de carne sofocada en sus garras, tentándote las caravanas de la ausencia, sin parar nunca más para pararse, sino contra, de, desde y según, ¿qué? flor mortífera en tus aguaceros de omnívora pregunta echando hueso debajo del colchón. Y esa nada balanceándote, donde te detiene la risa de un niño y te atornillas de petricor y cierzo, donde las ramas congeladas del olmo chupan un territorio que en ti es la zona de cero del suicidio de Cármen, cuando tú, pájaro, sólo esperabas que el viento a favor no te hiciera jamás escribir una carta ni dar explicaciones.
Fuimos la ficción del realismo que sangramos. La literatura de la tierra que quisimos salvar. El gérmen utópico de un porqué derribado. Cuando no quedaban héroes de los que ir de la mano y saltar al Lete para drenar cadáveres y arribar la mar.

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