HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy algo inquieta.. porque el acceso al trance.. con el tambor... se ha hecho mucho más silencioso... como desde un estado de conciencia casi ausente... pero demasiado realista.. del hueco del cosmos en las magulladuras de tortuga sobre el olvido. Ha caido algo la intensidad de lo Imposible. Tal vez.. es un ciclo necesario.. en la armonía del silencio... en las percepciones que llegan tristes, como la lluvia sobre la lluvia, mojando lo mojado, cuando los viejos salen por la noche a cazar la ausencia, con machetes llenos de los espíritus de los muertos... y de las zarzamoras.
Me posiciono frente a lo que veo... como una laguna y como un cardo. Soy todas las derrotas de mi historia y de mi pensamiento... mojando la arena... en una orilla invicta. Ya no tengo ni puta idea.. de ningún sentido funcional en la sociedad. Tal vez hace ya mucho que no lo tengo... pero ahora es mucho más agravante en la metafísica de las sardinas. Yo apenas conocía el silencio.. tenía activadas muchas zonas del subconsciente y de lo inefable.. a través de los animalarios del poema y del espíritu. Un ansia de búsqueda y de cavar fosas y hacer barcos con huesos de carnero. Mi mente nunca paraba. Y ahora empiezo a oir el silencio. Tal vez eso perturba gratamente a mi hambre. Mueve de sitio a mi escritura.... a mi huella cruzando el vacío. Y al amor. Ese amor que nunca me llegó como un amor humano. Yo fui trágica de todas las historias de amor. Fui sucia de su tango desvencijado.. y loca de la sed de salvar la luna entre cadáveres chupando poemas que no sujetaba la tinta ni la carne ni la tumba..  Y ahora lo encuentro mirando la hierba. Sola... como los brazos del río en el barro que flota. Y me hago dentro un garito de vagabundos. Y me erro y me fugo... de lo que creía que era mi vida. Y habito lo desconocido, con un sonajero de versos trasnochados y un perro trayéndome las estrellas. Sé que está cerca el fin de todo y eso trae el canto del infinito a la misma lágrima del ciprés y de la oruga.

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