HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hallar en polvo el templo que te buscó cuando ningún lugar ataba en los pasos, trompetas del fuego. Y acicachar pelos de gato en augurios de whisky bajo tu desequilibrio, entre mis piernas, entregarnos muertos a la palabra de la aurora.
Todo fue inútil para el hambre del cisne, entre palabras retorcidas, robando en tu piano, la pandemia de mis pesadillas, noctámbulas del perdón de tu madre en mis alcantarillas. Y el sol siguió girando.
Llegué huérfana al vientre que reposó en el olvido el vértigo de tus ojos. Y en mi mirada la guerra hacía secas todas las horas que perdiste llevándome a tus horas, cuando nacimos mancos del reloj de pared en la casa de la dinamita.

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