HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado pensando en aquello que le dijo Don Juan, a Castaneda... de que ya debería separarse de sus viejas amistades... y él le dijo que no quería hacerse un ermitaño, y Don Juan le dijo que eso no porque sería una entrega y que jamás se debe hacer una entrega.
Ese pasaje me ha reverberado desde diferentes cubismos. Me ha exitado mucho eso de no hacer nunca una entrega. Y sin embargo yo he hecho muchas, a ciertos pensamientos y latidos del éter. Cuando mis primeros trances de la adolescencia.. yo me llenaba de fuego por ciertas puertas y las perpetraba en no sé qué hueso volado por los aires. Y las hice kamikace en el amor y cuando tuve ciertos enfrentamientos con enemigos. Las hice en raras peonzas vizcas... generando no sé qué escapismo de ortiga y de espino. Un rito de humo y de pelos de lobo en la huella de barro rota en mil pedazos en la retina que aguantó el espanto.  La mayor que hice fue a la escritura. Ella me separaba de muchos otros mundos que acechaban los cristales derretidos del lago. No sé si era así, por un viejo romanticismo o un sentimiento exarcerbado de orgullo o de purismo. En mis trances de adolescencia, desde los estados alterados de conciencia más elevados.... decidía lo que luego habría de ser en la otra realidad, la ordinaria, la que tiene tiempo y espacio.., y a veces me decía "y si no soy capaz a salir y a encontrarlo luego habré de morir". Y en muchos espiritus de la resistencia y de lo guerrero, me juraba con lava y me decía que si lo traicionaba así me comieran las serpientes y sufriera todos los tormentos.  No sé si eran del todo entregas.. o era el camino que debía seguir, porque en aquellos trances se me descubría algo mucho más profundo y con más ojos y sentidos... en aquellos trances... con los que era capaz a comprender a Artaud... miraba.. mis pensamientos, mis sentimientos, mi historia, muy lejos de mí, veía el nacimiento de un metalenguaje.. Aunque los cabos sueltos... la locura de la noche, y esa criatura efervescente de mis noches del delirio.. me llevaron al espanto y a la destrucción. Aunque todo se cumplió. Lo que pasa que esos caminos que yo vi entonces, en un rato en el trance, algunos duraron 8 años del tiempo de la realidad ordinaria.  Y yo perdí mis facultades mentales en algunos momentos... perdí mi capacidad de entrar en aquél lugar. Tuve que ir a un raro infierno de locura y de caballos desbocados de cal y plomo. 
A Castaneda lo descubrí después. Lo leí en una época donde yo ya estaba jugando en el bando de la locura.  Tal vez tenía 19 años.  Y en esa época también buscaba los trances.. lo que pasa que eran mucho más perturbantes si aún cabe.  De mis 18 a mis 25. Sólo me sentía encajada en mi espíritu en los brotes psicóticos. Lo que ellos llamaban mi enfermedad, era mí unica cura.  Yo tenía un medio novio que era historiador e indio, y estaba haciendo no sé que tesis sobre algo relacionado con los indígenas.  Yo estaba obsesionada con los indios americanos.  Usaba mucho internet.... y recuerdo que me metí en muchos foros de chamanismo, en uno de esos conocí a éste chico. Me echaron de todos, porque por alguna razón yo quería destruir sus ideas con mis ideas. Tenía un instinto de ataque a través de las palabras.. que no podía controlar. 
Con éste chico hablé por primera vez una noche en la que estaba bajo los efectos del estramonio... .  Y tuvimos una relación muy rara. Al principio parecía medio sagrada. Luego se hizo una historia de la guerra y de los muertos,,,. Una de las veces que yo entré otra vez en la llamada del fuego, tuve un instinto de destruir del todo nuestro vínculo... sentí que para salvar mi espíritu debería jugar a matarle y lo ataqué de forma lunática y hechicera. Sentí que algo del estramonio estaba allí...  Nos separamos.. Yo me enamoré de otro hombre. Y no sentí ni una sola lágrima ni luto.. Todo debió haber acabado allí. Pero medio año después él vino a España.  Nos encontramos unos días en un motel al sur de los olivos. Y fue la experiencia más extraña de mi vida. Aquello cambió algo en mí como un huracán. Acabamos mal. Mucho peor que antes. 
Yo entonces vivía en un ataúd. Esto debió ser en 2009.  Me separé del todo... de aquellos mundos. Dejé de leer del todo aquellos libros y de buscar en esos pozos. Me fui con la nada al poema.  Al nihilismo.  Ahora algo se agita en lo que ha sido mi vida. Veo todos los segmentos de acuarela y aquelarre, de heridas y de luna llena. Veo todo jugar en la arena el corazón de la mar. Allí, detrás de los esqueletos y de las flores hay una palabra de aire que he de meter en los pianos para cantar mis estrellas.

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