HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí lejos y he llegado cansada. Ahora quiero ponerme a leer, y luego a tocar el tambor... para tratar de recordar.... para llegarme a la espiga, al hueco flotando en tus besos brujos aleanándose con la mar, carboncillo y alga, historias incompletas abarcando lo que rompió en luz y te obligó al cubismo. Ya no quedan historias de cartas tatuadas en las paredes de un hotel y rotas de rosa y de vino. Ya no suspiro... subiendo o bajando de un tren, por el olor de las vides, en tus cajas musicales. Ni fado la rabia ni el deseo de esas noches borrachas robando junto a los ladrones media oportunidad para romperse la crisma en la luna. Ya no tiene el verbo gotas de sangre de nadie, ni sueños que fumamos verdes y vagabundos al lado de la nada. El poema no es morada, ni artilugio para que me ames. Y suena bien así la música..... Ya fueron hasta la locura, esos otros años del amor y de la bala. Del vicio y del insomnio. De la sed con la espada y la pared dentro de la tráquea. Ya fueron esos cantos de amor, sexo y absenta, en pasadizos de lluvia con tintes de suicidas y contrabandistas de lo que no es nuestro. Ya no hay nada más qué decir de allí. Todo fue cantado y bebido. Nos llenamos hasta el delirio y el alcohol con sus ruinas. AHora el poema no es distinto a una oruga comiendo una hoja, o un pututu en manos del niño-pájaro diciendo adiós a las olas. Ya no hay pronombre, ni la pasión del quién y su refugio. Soy peregrina del Silencio.

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