HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí.. silenciosa, feliz, y medio ausente, conectada con lo inefable de forma migratoria y desposeida. Vi un ave... grande... de un gris cenizo... con manchas blancas debajo de sus alas, era muy grande... pero no era una garza, su cabeza y su cuello era como el de un halcón.. volaba con las alas detenidas como el águila... cruzó dos veces delante de mí.. yo sentí un profundo escalofrío... nunca había visto ese animal.  Hablé un rato con un hombre que me causó mucha simpatía...  tenía esa voz de viejo rockero.. y era simpático y perruno. Y cuando me lo encontré a la vuelta silbaba, y sus silbidos eran preciosos, como de pájaro que nunca se deja ver. Y se lo dije. Y él dijo que lo hace desde siempre y que le sale solo, también cuando trabaja.. que es barrendero y que a veces la gente le dice que tan raro estar feliz trabajando. Eso me hizo pensar en la conexión con la vida, con el corazón y con el fuego, con la resistencia de la risa, en medio de la soledad.. con la música como fuente y trinchera. Luego hablé un rato con una mujer argentina...... algo de los sueños... algo más personal, aunque fue ella la que habló de lo personal... y yo traté de que sonara la música.  Luego me encontré con otro conocido. Aunque la mayor parte del tiempo fue la soledad.. y esa búsqueda de seguir rompiendo el muro, de deslizarse, de sentir las raíces desde la luna de sangre hundida en mi cuerpo, hasta lo infinito. De asir la salvia y los tambores en la fragilidad y en la incertidumbre y moldear la pupila que flota desde lo distante... para poder ser un rizoma en la música. Fui consciente de algunos procesos abstractos cuando deambulaba en el callejón y tomaron otro sentido en la totalidad.

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