HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por el monte... relajada... sin buscar nada en especial... sólo latiendo... He visto huellas de zorro.. muchos senderos.. tal vez había varios zorros...  sentí algo muy bello, al saber que la vida salvaje aún habita estos montes. También en otro lugar vi otras más raras.. que iban entre peñascos y pensé por esa forma que podían ser de venado. También vi las huellas de un ave, eran grandes, con tres uñas delante, y una atras, hacían forma de triángulo que acababa muy agudo atrás... se veía que había caminado mucho por allí, no supe distinguirlas... pero tenía que ser un pájaro grande... Hoy no busqué nada. Sólo el silencio. No debo tener prisa. No hay ningún al que llegar. Y si lo hay tiene una ventana de rizoma y de vacío que también está aquí. Acceder es volar. Pero también perder. Sacrificar al yo.  He caminado bastante... y es muy bella la nieve en la montaña...  no te fijas tanto de no meter la pata a un hoyo, se camina con posesión y con mucha más levedad, como si medio cuerpo volara. Me tiré algunas veces hacia atrás en la nieve. Y me senté en algunos lugares a observar, a detenerme. Tuve muchas sensaciones abstractas y musicales. Pero mundanas. Quise hablar con la muerte. No temerla. Aceptar cada paso y cada riesgo sobre lo evanescente. A la vuelta, en una cagada de vaca, vi unos hongos fascinantes, naranjas y viscosos.. tuve un instinto de comérmelos, pero luego los dejé allí.. algo me distrajo y me fui.  Tal vez debí haberlos comido. No sé, me llegaron de forma mágica... me captaron la atención, al principio en lugar de hongos, vi dos caracoles. 
Hacía mucho calor allí con el sol y me refresqué comiendo nieve y reposando mi cara en ella. Kavka estaba muy contento... investigando... corriendo, jugando, revolcándose, con el hocico en el suelo, clavado por el perfume del infinito. A ratos jugamos a la pelea... yo le pegaba fuertes empujones que lo hacían rodar... pero se levantaba y volvía a la carga, lo pillaba del cuello y lo tiraba al suelo y él volvía a la carga. A veces me hacía daño.. cuando jugamos así se pone muy salvaje. Es un momento que estaba sentada... por esos sentires del alma, abstractos, demasiado abstractos para la palabra... Kavka sacó tierra y me invadió un olor precioso, fascinante, no sabría muy bien escribirlo, era de tomillo y de petricor y de gusanos y hojas de aire. Tuve el instinto de poner allí la mano abierta y cerrar los ojos.. sentí una profunda serenata de la tierra entrar en mí, aunque antes de eso, sentí que mi mano se cubría de gusanos. Sentí una promesa. Sentí un submundo escalofriante, una ventana que nadaba sumergida desde el interior de la tierra.

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