HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido al monte... pensé allí en ese hálito de violencia y de desesperanza con el que escribí antes, y allí lo sentí de otra manera... pensé que todos pendemos de un abismo, que todos estamos desprotegidos del inexistente cielo y atados a la nada y a lo desconocido, que en el fondo todos somos hermanos, hermanos congelados y egoistas, pero hermanos. Y me quedé mirando las casas del pueblo y esas luces detrás de las ventanas.. e imaginé la gente tomando un chocolate, como cuando yo lo tomaba con el abuelo, hablando de gilipolleces... pero tiernas... cuidándose entre ellos, evitando el frío, evitando el dolor, aunque sean zorros para los de la casa de al lado y para su frío y su hambre... Imaginé que cuando uno de ellos enferma, también se reunen con angustia en un hospital y se sienten arrancados si se muere, y recordé a mi madre dando la mano al abuelo. Y me dio un instinto de filantropía... Luego miré el campanario.. al principio con una búsqueda de hermandad. pero allí se me quitó la filantropía y tuve la visión de que lo echaba a arder desde mis ojos. La iglesia fue cómplice y mandataria de demasiados crímenes contra la vida y la libertad, contra el bien y la justicia, contra la evolución de la conciencia y del amor. Mis abuelas eran creyentes de cristo, pero lo eran desde la pobreza, la iglesia lo es desde el dinero y el poder y la ignominia y la traición.

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