HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido a comprar las pastillas para el perro. Llovía y un viento frío plegaba la soledad de los naipes en tu escritorio masticado por cascanueces de carcoma tocando un blues cojo con opio muy dentro de la nada. Recordé las desventuras, todo ese daño y violencia, con la que aprendimos a irnos de todos esos caminos de mercaderes. Anoche antes de dormir... también sentí la violencia de mi pasado, ese dolor, esas peleas que acababan con todo perdido en el callejón y moratones en la piel y en el alma. Durante un instante tuve visiones macabras, como si mi cuerpo fuera un trozo de carne en una carnicería y me llegaran cuchillos. Era como si viera... mis viejos sufrimientos, condensados en metáforas. Pero tampoco es un drama. Todos somos apuñalados. Cuando yacemos en ese ataúd y abrimos los ojos, empieza otro camino de la lucha y de la conciencia. Esto también es un juego macabro. Estamos solos... con los pozos y con las estrellas. Dentro vive todo el universo, y también toda la muerte. Hay que levantarse y seguir yendo hacia el Infinito. Tal vez no haya mucho más que nada al llegar, pero ir cualquier otro sitio, es ir sólo al polvo y a la muerte.

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