HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He llegado de un paseo con el perro.. y sentí tanta magia e intensidad.. tanta felicidad, en el borde de ninguna parte... que tuve miedo de perderla... sentí tan viva cada hierba, cada mota de luz, un cielo púrpura, un río de metales y fuego.. un lugar distinto, un lugar en la grieta de la flor evanescente, un arrebato místico y profano, una atmósfera llena de secretos e Imposibles nacientes y crepusculares del fuego y del infinito. Sentí que volvía a caminar con la fuerza, con el corazón, con el éter. Volé. Había poemas flotando en todos los lugares, mundanos, bestiales y sangrientos y poderosamente luminosos. A la vuelta.. sentí que la ciudad era otra ciudad.. y que había una ventana levitante abriéndola con golpes de cosmos en la herida del inframundo y que yo había caido ahí como una especie de muerta.. y sentí algo de hace miles de años, de culturas perdidas, de animales extraordinarios y mortales y qué sé yo. Antes de llegar a casa, me dio un mareo... me debilité, se cayó mi tensión. Y comí como un animal patatas con coles de bruselas y pan. Ahora estoy digeriendo la comida y aquella poderosa luz.
Me gustan mucho las coles de bruselas. Las descubrí en el manicomio. Esa comida en bandejas de hospital. Yo no la había comido nunca. Y una vez a la semana... nos daban dos, con un cacho de tomate y una tortilla francesa. Y de ahí se me quedó el amor por esa verdura. 
Viajé por muchos sentimientos de mi vida anterior. Y todos eran pájaros de helio. Había algo trágico y a la vez de la resistencia.... Me juré al camino de ese espíritu, aunque nunca debemos ofrecerle a nada una entrega, porque eso nos deja indefensos. Y vendrán tormentas y noches de sangre.
Me encontré un viejo, pero de esa clase de hombre.. que nunca ha tenido edad. Con un olor oscuro y peligroso en los ojos. Me recordó su rostro a Leopoldo María Panero.. sentí una profunda atracción por su secreto. Tenía unos ojos de loco y de eterno. Vestía como un vagabundo y fumaba un cigarrillo, sentado en el suelo. Clavé mis ojos en sus ojos, como esperando una señal... pero seguí mi camino.
No sé bien quién soy. Tengo sentimientos mucho más complejos que su uso en las palabras
Tengo instintos nacidos en ceremonia con la yerba del diablo. Soy una niña... y a veces soy una vieja con antenas y rabo... y un murciélago venenoso en mis bragas. A veces la radical fragilidad del olvido. Harina y gorrión. Tu lágrima de barro galopando sobre el infierno la intensidad de la polilla que entró en mi ausencia para separar la piel del silencio en el infinito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario