HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy es un día triste, de mariposas asustadas dentro del armario, barcos de hojalata clavados en tu corazón.... y una tumba abierta, en el barro que gotea de los dedos y seca pájaros dentro de las nubes.
Todos los caminos que tomé, llevaron a ninguna parte. Y ese era el punto de partida de todo, el rizoma de todos los finales.
La abuela muerta mueve las tablas de madera del suelo y pega besos de olmo cuando entra ese aire tan frío que no me deja cerrar la puerta.
La vida siempre ha sido extraordinaria. Aunque nosotros fuéramos un infierno y un montículo de piedras enterrando piedras que silenciaban el canto de los peces.
Perdimos siempre lo que amamos. Y eso no le importa a la belleza del crepúsculo. Ya es muy tarde para evitar la soledad... ella es el único camino que conserva el corazón.
Hice un sitio en la cama para guardarte el petricor lejos de esa muerte. Pero tú ya estabas muerto. Nunca acerté con la función. La luna aliñaba esos cigarrillos cuando el rayo crujía el destino ahorcado de un sueño imposible.
Entre el desierto y la silla, siempre elegí el desierto. Ningún verso esperó al día siguiente.  La tristeza fue menos engañosa que tus palomas regalando vino en medio del fango.  Ahora estoy rodeada de postales de tierra mojada y caricias de alga llevándome muy lejos. Ya no se puede volver.

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