HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy ha sido un día raro. Vinieron dos amigas, saqué cerveza y café. Jugué a celestina... tenía mi radar más abierto, y más profano y migrante.
Luego ya empezó a anochecer y salí con el djembe y el perro al río. Fue un viaje extraño, amante, nocturno. Deseaba la noche. Había media luna que reflejaba poderosamente en la nieve. Nieve de polvo... que me poseía y me hipnotizaba. Me senté en diferentes lugares a tocar el tambor. Lo hice dee otra manera... no llegué a lo orgiástico. Durante un instante tuve la visión de un lobo bajando el monte y toqué para que llegara a mí. Luego entré en otros estados de conciencia... pero estaba dentro mi yo, buscaba el poder sobre mí misma, el control, seguir mi camino,  sentía lo que debía de hacer... en un lugar mucho más lejano que la palabra....Estuve tocando sobre la nieve. Sobre una piedra. A veces notaba un viento helado que me hacía moverme de sitio. Lo más raro y absurdo fue cuando me senté en un lugar elevado que debajo tenía una especie de barro, como de hormiguero abandonado, aunque con la nieve no se podía ver. Entré en trance.. y me sobresaltó algo que salía de la planta en la que estaba al lado de ella...como un espíritu. Por alguna absurda razón... me puse a hablar con la planta, como para pedirla sus respetos para entrar en trance a su lado. Y pensé que a ella no le gustaba que estuviéramos allí. Que ese no era un buen lugar para el trance. Pero luego volví a "hablar" con ella sin palabras, vino el perro, y la mordió y la arrancó. A mí eso me provocó la risa, pero una risa medio mala. Sentí que no era apropiado reirme y me puse nerviosa por lo ocurrido y traté de mostrarle mis respetos.. Y luego todo fue aún más raro. En la noche, vagando por la nieve, con el tambor colgado en mi hombro. Creyendo que debía de hablar con mi muerte. A ratos la belleza más escalofriante, a ratos el vértigo, la deriva, un lugar que yo no podía comprender. Un lugar que desarmaba todo lo que yo sabía. Se veían las estrellas. Y había una belleza asombrosa... y a veces peligrosa... pero que me daba paz. Sentí que desde ahí, en cualquier aquí en el que estuviera, bajo cualquier circunstancia, podría acceder a ese lugar.

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