HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy soñaba algo de una araña... era una araña muy grande... pero no recuerdo nada más... los sueños estaban en una zona más oculta de la conciencia. Todavía es de noche. Dentro de un rato me iré a la montaña. Me he despertado inquieta..exaltante de una pregunta de humo en medio del vacío. He recordado a K. de forma medio literaria, como un clavel de carbón después del incendio... succionando la sequía desde las cicutas y los manzanos. Pero ya no hay moratorias. Todo se lo llevó el poema, todo lo agotó en su grito, en su vergüenza, en sus soledades, bebió todo el vino que quedaba en el puerto, se hizo profano y vagabundo, se hizo de nadie para siempre. 
Son muy raros mis sentimientos... respecto al amor. Son sentimientos de ameba, de cachimba y de opio, de lejanía, de tren que se marcha. De nada viene conmigo, nada se queda demasiado. Mi camino siempre ha sido la soledad, aunque alguna vez en el delirio de luna, caminé su antagonia y me creí a salvo de su corazón. Pero la soledad tiene el fruto y el camino. Ella es la que toca las cuerdas, la que se queda en vela para conocer la profundidad de la noche. La que no pacta, la que no desvía su rara y maldita canción del masticado de las barcas en el crepúsculo.

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