HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy tengo algo de nostalgia, no es de nudo, ni de tango, es de flor espinada que se abre entre arenas movedizas... de pasajes perdidos atrapados en telas de araña de luna y lejanía. De ese amor de hash que ya no golpea en mi pecho. Ni ese grito de fe y de flecha.... en el agujero de mi pecho empujándome al baile. Mis abuelos muertos haciendo agujeros de topo en los pies del destartalado piano. Y la viudedad de mi amor.... cosiendo flores de papel en el canto de los grillos.
Tal vez tengo una armadura... del adiós antes de empezar. Del por si acaso, vámonos con las ratas a desflorar el blues de la alcantarilla en el crepúsculo.  Una inercia del éter... que me separa antes de la herida... y me doy a la llamada de la estrella, ahorrándome la literatura y los juegos de póker de esos bares del amor y la suciedad. Cuando amé lo hice con el Infinito, con la raíz de lo etéreo abierta en canal y desarmada y kamikaze de su rara vagabundia. Y todas las veces que amé, fui despojada de ese amor por la oscuridad y por el cuchillo. No pude acumular nada para salvar el próximo intento. No pude dejar nada conmigo para salvar el poema. Todo salió despedido donde la enana blanca mece costras de tiburón y de tierra mojada. Siempre fue el todo o la nada. Yo no iba con huchas, yo no dejaba nada guardado en mi cajón.

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